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martes, 24 de mayo de 2016

48 horas para las #2JHUCI

 


Hola a tod@s, mis queridos amigos.
 
Ultimando detalles para las II Jornadas de Humanización de los Cuidados Intensivos, como el acto inaugural en el que participará Pau Garro, el actual presidente de la Societat Catalana de Medicina Intensiva i Crítica (SOCMIC), Laura Maldonado de la Universidad de los Pacientes, un representante del Col·legi Oficial d’Infermeres i Infermers de Barcelona, Cristina Muñoz del Centro de Humanización de la Salud y Pilar Delgado de Proyecto HU-CI.
 
 


 
 
Este año, además de contar con Streaming de parte de las Jornadas (módulos 2 y 4) y en directo por Periscope (ya os facilitaremos los enlaces por las redes y el blog), contaremos con la colaboración de Storyhealthing (de Kiterunnersfilms) que se encargará de fotografiar, grabar las sesiones y entrevistar a los asistentes y ponentes y que aportará ese valor emocional que tanto buscamos en Proyecto HU-CI. Os recordamos que podréis compartir vuestras impresiones y todo lo que queráis vía twitter usando #2JHUCI o en el grupo de Facebook de Proyecto HU-CI.
 
En este momento hay 250 personas inscritas a las Jornadas: los que aún no habéis formalizado vuestra inscripción podréis hacerlo el mismo día. Os confirmamos que las Jornadas han recibido la acreditación del Consejo Catalán de Formación Continuada de las Profesiones Sanitarias para todos los profesionales (auxiliares, enfermeros, médicos).
 
También os recordamos, como el año pasado, que gracias a las cuotas de inscripción podremos disfrutar de cafés en los descansos, cena tipo cocktail el jueves y comida el viernes. Y seguro que habrá alguna que otra sorpresa...
 
Con el deseo de que sean un verdadero punto de encuentro donde aprender unos de otros y compartir, solo nos queda daros las gracias a todos: asistentes, ponentes, moderadores, colaboradores, patrocinadores, Comité científico y Comité organizador.
 
Feliz Martes, ¡nos vemos en Barcelona!.
Gabi

sábado, 21 de mayo de 2016

Con mayúscula, por Vicente Gómez


Madrugada. Un despacho de hospital. Dos médicos, agotados, comunican el inminente fallecimiento en quirófano de un paciente a su familia. Tras un día de duro trabajo la fisiología, o la naturaleza entera, se les ha venido encima, cuestionando las falsas expectativas que, en no pocas ocasiones, sobrestiman las capacidades de su ciencia.

Nada a reprocharse. Sólo molesta en el estómago esa vieja sensación amarga de derrota, y alguna pregunta incómoda, por inútil, de qué cambiarían la próxima vez. Es difícil calmar, incluso con años de experiencia, a ese juez implacable de su ego, que les mejora, pero que tortura con la propia, y ficticia, insuficiencia. Ahora sólo queda el amargo trance de reconocer en público la cruel y temida realidad.

La familia, abatida, pero contenida, escucha en silencio sus explicaciones. Jerga técnica. "Lo intentamos con todo… fue imposible… no respondió". Parecen comprender. Una hija, enfermera, pregunta si pueden verle en quirófano antes de desconectarle. 

- "No es costumbre, ni es lo conveniente", responde tajante uno de los médicos.

- "¿Puedo insistir?. Para mí sería muy importante", replica la hija.

El otro médico la mira a los ojos. Percibe, como un latigazo, un dolor profundo, pero no hosco. Una pena arropada de dulzura y cortesía infinitas, de quien pide algo que no está en su mano conseguir. Un dolor digno, firme, que sólo busca un último asidero para evitar el desgarro. Una última gracia que es más que un capricho inconveniente. La despedida de quien, probablemente, ha sido el faro de su vida. El primer paso necesario para resolver un previsible largo y duro duelo.

Conmovido, el médico comprende, que no pueden negarse, amparándose en la fría costumbre, sin incurrir en la mayor de las crueldades. Tras convencer a su compañero, aun dudoso, acceden a su petición. Acompañan a la hija, con paso lento, rodeados de una luz blanca y espectral, que hiere los ojos tras reflejarse en las puertas metálicas de los quirófanos. El silencio es opresivo. Un desfile hacia la nada.

La hija se acerca a la camilla quirúrgica, y comienza a susurrar unas palabras inaudibles para ambos médicos. Permanecen allí, a prudente distancia, sin poder cuestionarse si es lo conveniente. Quizá sienten que, con su presencia y respeto en sus ojos bajos, solemnizan una ceremonia de una hondura que les trasciende y les inmoviliza. Se preguntan qué palabras pronuncia. Cómo se resume en unas breves frases una vida de recuerdos, enseñanzas y ternuras. Quizá, como el médico conmovido sólo supo decir a su madre en similar situación, “Buen viaje, a donde vayas mamá”. No hay lágrimas, ni sacudidas por los sollozos, solo un lento pero continuo musitar de sus labios, mientras le acaricia el cabello, con su cara pegada a la de él. Un beso y sale dirigiendo a los médicos un gracias que ilumina su rostro y destensa el de los dos profesionales, que tienen algo más que un nudo en la garganta.

Su cara parece relajada, a pesar de que en sus ojos se reconoce un sentimiento sobrehumano de pena, cercano al desfallecimiento. Como esa pálida virgen de Van der Weyden al pie de la cruz, que tanto admira el médico conmovido. Una entereza, que parece haberse afianzado por esos pocos segundos dentro, pero que el dolor puede hacer estallar con un mínimo soplo. Una contención de quien ha sido educada en el cariño, pero también en la adversidad y en la disciplina de la aceptación.


Una hora después, el médico conmovido sale a la sala de espera a cumplimentar el papeleo. Sus ojos se cruzan con los de la hija. En el segundo siguiente, ella le abraza efusivamente, en un impulso espontáneo y sincero que le sorprende y azora a la vez, mientras oye en un susurro un “Gracias, no olvidaré nunca, nunca, lo que ha hecho por mi esta noche al permitirme despedirme de mi padre”.

En la fuerza de esos brazos que le oprimen durante unos instantes encuentra, por fin, un sentido a toda la fatiga que le invade, tras oponerse muchas horas a lo inevitable. Porque en ese abrazo, se resume la verdadera razón que le llevó a hacerse médico hace más de treinta años. Si no curas, consuela y acompaña. Siente que, perdiendo una vida, su emoción, muchas veces desatendida, le ha permitido que otra vida pueda iniciar un duelo sin lastres. Piensa, confortado en sus brazos, que ha creado un lazo duradero con alguien admirable. Es él quien le está agradecido a ella por darle la oportunidad de ejercer de Médico. Con mayúscula.

Unidad de Cuidados Intensivos. 

viernes, 20 de mayo de 2016

Aulki Hutsak (Sillas vacías), por Iñaki Peña





“Aulki Hutsak” (Sillas vacías, Cadires buides, Empty chairs,…) es un documental de duelo y de esperanza. 



Sobre un tema universal, es un proyecto multilingüe hecho desde una óptica local. Recoge tanto vivencias personales como apuntes profesionales, intercalando ambas experiencias desde la óptica del “sanador herido”. Desde la experiencia personal y profesional del autor hasta englobar otras experiencias personales y humanas y ofrecerla estructurada como herramienta audiovisual con fines divulgativos y, por qué no, sanadores. Entre los participantes, contáis con profesionales conocidos como Izaskun Andonegi (Asociación Bidegin), Marije Goikoetxea (Universidad de Deusto), Julio Gómez (Hospital San Juan de Dios Santurtzi), Koldo Martínez (Complejo Hospitalario Navarra) o Imanol Querejeta (Hospital Universitario Donostia).

El documental, en versión original subtitulada, está dividido en 4 capítulos que van en graduación desde el dolor inicial hasta la esperanza, tratando el enfado como uno de los sentimientos posibles, y considerando esos “días perfectos” de las Navidades u otras fechas señaladas como momentos a veces especialmente difíciles. Con un epílogo en el que recogemos lo que fue una gran sorpresa para todo el equipo. Se acompaña de imágenes tomadas en localizaciones conocidas y no tan conocidas del País Vasco y Navarra, con una buena muestra de la música contemporánea en euskera. 

Estrenamos “AH” en diciembre de 2013, y desde entonces ya hemos realizado más de 60 proyecciones públicas en diferentes ámbitos, desde casas de cultura con público general a jornadas especializadas de Cuidados Paliativos entre profesionales. La película fue premiada en dos categorías en la 6ª edición del Festival Internacional de Cine Invisible de Bilbao en otoño de 2014. Participamos fuera de concurso asimismo en el XII Festival Internacional de Cines y Derechos Humanos de Donostia-San Sebastián y en el Festival de Cine Vasco – Zinemaldia de la Euskal Etxea de Barcelona. 

Ha sido proyectado en televisión en Euskal Telebista (uno de los patrocinadores) y en Hamaika Telebista. Ha sido patrocinado también por la Fundación La Caixa, las diputaciones forales de Bizkaia y Gipuzkoa, el Gobierno Vasco y la Universidad Pública Vasca UPV/EHU. Está producido por la cooperativa audiovisual “Arteman”.

Está disponible de forma libre en la red de bibliotecas públicas de País Vasco y Navarra. Asimismo lo tenéis en formato de DVD en las librerías “Garoa” de Zarautz y Donostia San Sebastián y también vía on-line en a través de la editorial “Ediciones Franciscanas”. 

Director y guionista de “AH”. 
Médico internista especializado en Cuidados Paliativos Hospital del Alto Deba. Arrasate-Mondragón (Gipuzkoa)